La práctica pedagógica como acto liberador

¿Cuántos docentes, en muchos momentos, se han sentido maniatados por el sistema escolar o por la práctica pedagógica psicorrígida de la institución que lo ha contratado? ¿Cuántas veces se habrán sentido en un callejón sin salida por el tedio de un ritmo monótono de las estrategias de aula? Más grave aún, has pensado en tus estudiantes, ¿Se sentirán cómodos en tus clases? ¿Los temas y la didáctica que empleas, toca sus intereses y sentimientos o los coacciona para que repitan al pie de la letra cuanto les “enseñas”?

Es hora de entender y asumir la enseñanza como un acto liberador, un acto de amor. Lo primero al enseñar, es que tú también aprendas, sino eres el primero en aprender de lo que enseñas, no enseñarás de manera efectiva y afectiva. Debes tocarte y soltarte, para que llegues al otro, a quien te debes, a aquel que es la razón de ser de tu vocación: el estudiante. Esto implica desacomodarte, renunciar a las falsas seguridades de tus prácticas y estrategias. Recuerda que enseñar implica una salida generosa y abnegada de ti mismo para salir al encuentro del otro, sin olvidar jamás que ambos (docente y estudiante) son unos eternos necesitados de ambos.

Por ahora, te recomiendo la película Detrás de la pizarra, volveremos sobre esto.

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