Prácticas escolares que marginan [sin querer queriendo]

“¡Buen día chicos! ¿Cómo están? … ¡Qué bueno! De pie para iniciar la jornada: ‘en el nombre del Padre…” Soy creyente, docente de Educación religiosa, aún así, me pregunto: ¿Qué sentirán o pensarán los estudiantes que creen diferente y los que no creen? El gesto es noble, sin malas intenciones, al fin de cuentas, oramos para que todo vaya mejor. Sin embargo, ¿Todos en el aula se sienten incluidos en este gesto piadoso? Otro caso. “No olviden lo más importante de la lección de hoy: deben amar a sus papás con todo su corazón, ellos son sus héroes, sus ejemplos a seguir, y ya que se acerca su día, le prepararemos un regalo en la clase de arte, traigan el material que les pedí”. ¿Qué piensa o siente el huérfano, el que fue o es abusado por su progenitor, el ve cómo su padre golpea permanentemente a su madre, el que sólo recibe de su padre el aporte económico…? Insisto, la intención es noble, pero cuán excluyente puede resultar el discurso y la didáctica en las actividades de enseñanza y aprendizaje.

Palabras y frases con una fuerte carga emocional se repiten incesantemente en las lecciones. Por favor, dispense usted, apreciado lector, que siga insistiendo en lo mismo, la intención es noble. Pero, qué hay del niño o la niña que ha sido abandonada por su propia madre, y le toca aprender a leer y escribir, repitiendo hasta la saciedad frases como: “mi mamá me ama, mi mamá me mima, amo a mi mamá”. Pensemos en esta otra situación: “chicos, escuchen muy bien la explicación… ¿Sí me escuchó, Méndez? …ese es el problema, que ustedes no prestan oído…” Sucede en grupos con presencia de estudiantes sordos y con hipoacusia. El sentido puede ser figurado, o con el propósito de captar un máximo nivel de atención en los estudiantes, pero, ¿no es esto una didáctica excluyente?

Al leer estas líneas, probablemente se nos venga a la mente muchos otros casos similares. De todas formas, quiero aclarar que no estoy haciendo una denuncia. Mas, se trata de una invitación a revisar el lenguaje y las prácticas en la escuela que, aunque “efectivas”, pueden lacerar la dignidad, los sentimientos y las emociones de los estudiantes.

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