¿Eres realmente feliz en lo que haces? Algunas claves para [re]descubrirlo

Profe, ¿Eres feliz en lo que haces? Tal vez no te hagan ni te hagas muy seguido esta pregunta. Pero es básico que empieces a pensar en ello y que cada cierto tiempo vuelvas a hacerlo. Esta pregunta bien puede aplicar para cualquier profesión, incluso, para quien quiere ser un buen padre o una buena madre. Claro. Basta con cambiar el apelativo “profe”, por papá, ingeniero, doctor, blogger, o cualquier otra profesión u ocupación. Si bien, preguntártelo no traerá inmediatamente la felicidad a tu ser y hacer, sí es un buen punto de partida para que seas inmensamente feliz en tu quehacer. Te sugeriré aquí algunos tips, no son los únicos, pero funcionan.

Recomendaciones a seguir.

  1. Tómate tu tiempo. Al desarrollar cada uno de estos consejos, es muy importante e imprescindible que no hagas todo el proceso de un solo tajo. Debes tomarte tiempo, ¿Cuánto? El que sea necesario. Sólo no te apresures, pero tampoco lo dilates indefinidamente, especialmente si es consecuencia de temores o inseguridades. Comprendo que pueden haber situaciones de orden contractual o monetarias que pueden urdir decisiones, inclusive, presiones de tus jefes o en tu hogar. No es fácil. Pero debes establecer un equilibrio justo en la dosificación del tiempo para adelantar este proceso. En buena parte, de esto dependerá si quieres ser feliz en lo que hagas o vivir desdichado so pretexto de poder acceder -por ejemplo- a un “buen” nivel salarial.
  2. Recurre a la meditación y/o a la oración. Si no eres creyente, te propongo que recurras a técnicas de respiración y relajación antes de cada sesión, por ejemplo, un poco de yoga puede ser de gran utilidad. Si eres creyente, ayúdate de la meditación, la oración y la contemplación. A lo largo de la historia, se cuentan por montón los signos prodigiosos que muchísimas personas han conseguido a través de la oración constante y con fe profunda. Hay que saber pedir: pedir lo que conviene y pedir con absoluta confianza.
  3. Renuncia a tu zona de confort. Advertencia. No sigas avanzando sino estás dispuesto o dispuesta a salir de tu zona de confort. Lamento aclararte o recordarte que muchas veces las personas dejan de progresar en sus vidas (no hablo sólo de lo económico) por temor a renunciar a las falsas seguridades que les conceden algunas “gabelas”. ¿Por qué conformarte con poco a costas de tu felicidad, si puedes ir por más, llegar mucho más lejos, explotando al máximo los dones que la vida te ha dado y alcanzar una felicidad más plena? Sacude el polvo de tus pies, empieza a remar en el mar de la felicidad.
  4. Hazte la pregunta: ¿Soy feliz en lo que hago? Esta es la punta del iceberg. La pregunta fundamental. Alguno te dirá que lo fundamental es tener un buen proceso de discernimiento a la hora de conocer cuál es tu vocación o, simplemente, descubrir a qué debes dedicar tu vida y esfuerzos. Naturalmente, esto es lo más indicado, pero lo más probable es que tú ya estás dedicado a algún oficio, profesión, vocación, o como lo quieras llamar. Así  que ya es un poco tarde (tal vez) para ello, pues, se trata de pensar si eres o no feliz en lo que ya escogiste. Es importante que no lo hagas a la ligera, por salir del paso o por encontrar una fórmula milagrosa para tu felicidad. Ten cuidado, no se trata de una poción mágica al mejor estilo de la literatura de los Hermanos Grim. Es tu realización plena lo que está en juego, tu proyecto de vida, tu vida misma.
  5. Toma nota de las respuestas y descubrimientos que has tenido, tras la pregunta: ¿Soy feliz en lo que hago? Escribir tus hallazgos, hará que te tomes muy en serio este ejercicio. Si no estás habituado a la escritura, o no lo haces tan seguido, cuando lo hagas, notarás que es algo más complejo que pensar o hablar. Esto, aunque implica un poco de esfuerzo y dedicación, disciplinará tu cerebro y ordenará tus ideas. No es casualidad, que muchos maestros, psicólogos y expertos en proyecto de vida y liderazgo, recomienden empezar por escribir las metas, anhelos,  pensamientos y aspiraciones profesionales y laborales. Esto facilitará el siguiente paso.
  6. Haz un balance. Una vez que hayas tomado nota de las respuestas y descubrimientos a partir de la pregunta inicial, es conveniente que las clasifiques. Para hacerlo te recomiendo un modo simple, pero puedes utilizar tu creatividad y realizarlo como mejor te parezca. Lo que te sugiero es que categorices las respuestas en dos listas. Una lista de lo pertinente: cuestiones en tu quehacer que resultan apasionantes, que se te facilitan, lo productivo, lo que genera impacto, lo que te satisface, lo que aporta al bien común, entre otras. Y una lista de lo adverso: cuestiones que te generan un alto nivel de estrés innecesario, lo que no te resulte hacer tan fácilmente y que ya hayas tratado arduamente en mejorar sin resultados, lo que te produce estados depresivos, lo que no aporta al bien común, lo que no logra un impacto positivo en los beneficiarios de tu labor, entre otras. Terminado el registro escrito de tus respuestas con las dos categorías para el balance, pasa al siguiente punto.
  7. Busca el consejo de un profesional o de una voz autorizada. Al llegar a este punto, quizás pienses que es el más apropiado y que, por tanto, los demás puedes descartarlos. Por suerte, estos tips no son una camisa de fuerza, son simples recomendaciones hechas con toda la humildad, pero que han sido pensados y acrisolados por la propia experiencia como profesor y la de personas cercanas. En todo caso, este punto no es menos importante. Es el momento conveniente para ir con una persona que tenga un mínimo de claridades probadas, un psicólogo o terapeuta especializado en salud ocupacional o formación para el trabajo, sería el indicado. Aunque puedes aconsejarte de personas maduras, curtidas por la experiencia y con una visión equilibrada y una mentalidad abierta. Sea cual sea, no busques a cualquier persona, no sea que termines más confundido/a que al principio. En todo caso, es recomendable que hagas los pasos anteriores, puesto que un profesional en este campo no te resolverá la crisis existencial con una terapia o con unas cuantas pastillas. Al final, quien tiene que tomar decisiones eres tú. Nadie puede ni debe tomarlas por ti.
  8. El momento para cerrar el balance y tomar decisiones. Si sigues fielmente cada paso hasta aquí, tendrás suficientes elementos de juicio para que tomes decisiones acertadas, con sabiduría y prudencia. Es tiempo de que hagas las “cuentas”; ten en presente el balance (punto 6) y la conversación con tu consejero/a (punto 7). Recuerda, eres el único que puede y debe tomar las decisiones importantes en tu vida. No permitas que otros lo hagan por ti, mucho menos dejes algo tan importante como tu felicidad en manos del azar. Bien, ahora tendrás que decidir. Si en lo que haces (trabajo, labor, oficio, profesión, vocación u ocupación) hay más amarguras que satisfacciones, lo más seguro (tú decides) es que sea momento de darle un giro a tu vida y encontrar tu feliz y plena realización personal en otra profesión/vocación. Si por el contrario, y a pesar de las dificultades y adversidades, tu quehacer te proporciona razones suficientes para ser y sentirte feliz, la decisión es obvia. Pero, falta algo…
  9. Toma la decisión más importante: SER FELIZ. Sí. Debes tomar la decisión de ser feliz. Algo tan importante no se puede supeditar a los otros o a las circunstancias, no puede quedar al arbitrio de la dirección en la que corra el viento. En definitiva, cuando decides ser feliz, lo que estás haciendo es una opción fundamental: dotar de sentido tu propia vida.
  10. No archives la pregunta. Una cosa más, no mandes al cuarto del olvido la pregunta: ¿Soy feliz en lo que hago? Conviene tenerla a la vista, no para volver a seguir estos pasos y tomar nuevas decisiones (eso no sería un buen signo), mas sí para recordar que sin importar lo que hagas, dónde lo hagas, con quién o por qué, tú eres el dueño de tu felicidad. La felicidad no es una meta, es el mejor estilo de vida y la forma más natural de ser y habitar el mundo.

Una última recomendación, con respeto, te propongo dos textos bíblicos útiles para la meditación con el propósito en cuestión:

“Fracasan los planes cuando no se consulta, y se logran cuando hay consejeros”. (Prv 15,22)

“Hermanos míos, estimen como la mayor felicidad el tener que soportar diversas pruebas. Ya saben que, cuando su fe es puesta a prueba, ustedes aprenden a tener paciencia, que la paciencia los lleve a la perfección, y así serán hombres completos y auténticos, sin que les falte nada. Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídala a Dios, y la recibirá, porque él da a todos generosamente y sin reproches. Pero que pida con confianza y sin dudar. El que duda se parece al oleaje del mar sacudido por el viento”. (St 1,2-6)

Espero que este artículo te sea de ayuda o se lo recomiendes a alguien cercano. ¡Éxitos!

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