¿Cómo sanar heridas del pasado?

Cuánto hacen sufrir las heridas de un pasado atroz, especialmente aquellas que no logran cicatrizar. Heridas abiertas de un tormento lejano o cercano, aquél que aunque ha pasado, sigue lacerando el alma. Muchas personas invierten dinero en terapias, tiempo en oraciones, incluso, hacen de sus amigos “paños de lágrimas”. También es corriente ahogar estas penas en el licor o en las drogas, en el desenfreno o la gula, en fin, todo “vale” en el intento desesperado por apagar las llamas de un infierno encarnado que acusa y atormenta sin cesar, por lo menos esto piensan quienes viven sumidos en el dolor de un pasado que no termina de pasar.

¿Cómo evitar el colapso irreversible o ir a parar a una situación ignominiosa, por cuenta de los fatídicos y fallidos intentos para no naufragar en el mar tormentoso de un pasado turbulento? Fórmulas mágicas quisieran las personas que atraviesan circunstancias como estas. Sin embargo, no existen tales. Aunque hay un recurso sencillo, económico y liberador: la escritura.

Escribir no sólo es útil para ordenar y transmitir ideas, es, en mayor proporción, una forma de liberación. Quien es capaz de escribir lo que piensa y siente, se ha liberado de algo, ese algo que atragantado pedía conocer la luz: ser escrito. Si puedes escribir las ideas sobresaltadas en tu mente, será más fácil nombrarlas, ordenarlas y controlarlas. ¿Cuánto ha conseguido la humanidad tras la invención de la rueda? Pues, ha conseguido mucho más con la escritura. ¿A caso la Biblia no es testimonio de ello? ¿A caso no logró un alemán en el siglo XVI partir la historia occidental con la imprenta de Gutenberg? ¿No son las letras las que dominan entre las artes? ¿No son las letras las que predominan en los claustros formativos?

Así, pues, si la escritura ha demostrado con creces su omnipotencia creadora y transformadora, ¿Por qué no intentar conseguir con la escritura la acuciante sanación de las heridas que nos doblegan? Pero, ¿Cómo hacerlo?

La siguiente recomendación es breve y simple, ha sido probada con víctimas de violencia intrafamiliar y de la guerra.

Recursos: Papel y lápiz.

Tiempo: el requerido.

Lugar: apacible.

Bien, comienza por buscar el momento y el lugar más adecuado, en el que te sientas confortable y sin la preocupación de ser interrumpida/o. Una buena elección musical podría ayudarte a conseguir un mayor estado de relajación. Cuando lo hayas conseguido, empieza a escribir aquello que te ha pasado y que ha dejado registradas en tu alma las heridas que ahora te lastiman y te hunden en la desdicha. Cuando hayas escrito un buen relato-recuento, guárdalo y descansa.

En otro momento (preferiblemente otro día), vuelve sobre tu escrito, e intenta hallar elementos que distorsionan lo sucedido, algo así como identificar imprecisiones o detalles que no ocurrieron; también debes intentar recordar elementos importantes que puedan hacer falta para hacer que tu relato sea más fiel a lo sucedido. Se trata de evitar equívocos o falsas percepciones, y también cerciorarse de que tu memoria no esté confundida por lo traumático del o los eventos que te proporcionaron las heridas que ahora te atormentan.

Cuando hayas perfeccionado tu relato, guárdalo. Luego busca otro memento distinto, pero con las mismas condiciones de relajación. Ahora, leerás para ti, tratando de revivir cada palabra como si te devolvieras en el tiempo, la idea con este ejercicio, que puede parecer innecesariamente doloroso, es que llegues a un estado de catarsis. Posteriormente (en un día diferente), pero en condiciones similares de relajación, vuelve a leer tu relato. Irás notando, que cada vez, será menos doloroso recordar el pasado, porque escribir y leer sobre episodios duros del pasado, irónicamente, te ayudarán a superarlos.

Te doy, brevemente, un par de testimonios. Una mujer que acompañé tras haber sufrido pro violencia intrafamiliar, lo hizo, escribió. Sus relatos consistían en pequeñas construcciones poéticas sobre distintas situaciones dolorosas de su pasado. Con el tiempo podía hablar de su pasado sin lágrimas ni resentimientos. El otro caso es colectivo, varios de mis estudiantes escogieron el poema, el cuento y la crónica para contar su pasado reciente de guerra y dolor. Combinando estos recursos literarios con un poco de fantasía y ficción, lograron contar de forma amena el horror de la guerra que ya había quedado atrás.

Perdona si me he extendido, ahora es tu tiempo de sanar. Recurre a las letras, sé libre mientras escribes, lee lo que has escrito y tendrás alivio para tu alma.

[Agradecimientos a Víktor Hanacek, autor de la foto]
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2 comentarios sobre “¿Cómo sanar heridas del pasado?

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