¿Cuál es la medida más efectiva para enfrentar el alto índice de criminalidad, la violencia y las alteraciones del orden público?

No necesitamos más policías. Lo verdaderamente urgente es la formación ciudadana y en valores; educar con autoridad y afecto, para garantizar la justicia, la paz y el bien común.

 

Policías antidisturbios
Fuente de fotografías: http://carlox13andres.wixsite.com/carlosbernate/riots-protests

Es hora de entender que nuestra sociedad necesita con urgencia más educación y menos represión. Hace más un papá educando con autoridad y afecto, que diez policías atrapando delincuentes que volverán a reincidir. Si el Estado invirtiera significativamente en formación y cualificación docente, en construcción de escenarios educativos dignos, se requeriría de una menor inversión para la administración de justicia, defensa y seguridad.

En nuestros días, pareciera cundir un clima de confusión de roles y principios en la educación y crianza de los niños, niñas y adolescentes. Clarifiquemos. Una cosa es educar a nuestros hijos e hijas en libertad, facilitándoles y garantizándoles el libre desarrollo de la personalidad; otra, muy distinta y contraproducente, es permitirles cuanto se les antoja y renunciar al carácter y la disciplina, so pretexto de no afectar o traumatizar la estabilidad emocional del o la mejor, o simplemente para que no nos genere contratiempos, no nos interrumpa en las múltiples ocupaciones en las que se ve envuelto el ciudadano promedio en la actualidad.

Nuevas generaciones al cuidado de las pantallas digitales y los juegos de realidad aumentada.

 Precisamente, por no tener tiempo, al dejarnos absorber por la dinámica propia de la sociedad industrializada en la que vivimos, en la que hay que producir, porque nuestro valor se mide en términos de cuánto producimos y cuánto consumimos y no ya por el aparentemente desgastado discurso de la dignidad humana. No queda tiempo para lidiar con el berrinche y pataletas de los niños, quienes lo que más necesitan es atención y no aparatos tecnológicos, necesitan nuestro tiempo más que una conexión wifi, necesitan que sus padres o cuidadores se interesen más en sus cosas de niños.

Se nos olvida que los humanos, especialmente en la infancia, como sujetos de aprendizaje, somos bastante parecidos a una esponja absorbente, pues, vamos construyendo nuestra personalidad conforme la realidad nos va presentando modelos, patrones, estilos de vida. ¿Cuáles son los principios y los criterios sobre los cuales nuestros niños, niñas y adolescentes van construyendo hoy su personalidad y su identidad? Este asunto es lo suficientemente delicado como para dejarlo al arbitrio de la televisión, las redes sociales, los aparatos tecnológicos sin uso crítico o, en el peor de los casos, que aprendan a sobre llevar las crisis y las situaciones adversas con ayuda de fármacos y narcóticos.

A mayor número de padres, madres y docentes haciendo su tarea, menor número de efectivos en la fuerza pública requeriría nuestra sociedad.

Se volvió una constante el hecho de señalar a las nuevas generaciones como sociedades carentes de valores; que se les acuse de faltos de respeto por los adultos o de no valorar las tradiciones. Ciertamente, se tiene registro de esta actitud desde hace más de veinte siglos. En su momento, Sócrates lo denunciaba. Sin embargo, no hemos asimilado el planteamiento del antiguo filósofo, el cual invitaba a no juzgar a los jóvenes sino más bien a preguntarnos qué hemos sembrado en su corazón para que hoy sean lo que son.

Frente a la pregunta, ¿Cuál es la medida más efectiva para enfrentar el alto índice de criminalidad, la violencia y las alteraciones del orden público? Juzgo que la respuesta más pertinente y menos accidentada políticamente hablando, es que las madres y padres de familia, los responsables del cuidado y formación de la infancia y adolescencia, especialmente, los maestros, empecemos a enfocarnos en la tarea fundamental: formar ciudadanos que desarrollen su capacidad de pensamiento crítico, potencialicen sus competencias ciudadanas, que le apuesten a la resolución pacífica y adecuada de los conflictos, con un mayor compromiso y respeto frente a la diversidad cultural, ideológica, sexual y religiosa.

Concluyamos esta reflexión de manera poética, pues, la poesía no es otra cosa que el modo perfecto de ser y habitar el mundo.

 

A mayor compromiso frente al otro

mayor será el amor que le tengamos,

pero no será realidad el cuidado del otro,

si el amor y el cuidado de sí no cultivamos.

 

Drogas y focos de violencia siempre tendremos,

disensos y conflictos siempre los habrá,

mas por la armonía social velar debemos,

de lo contrario la cruda violencia no acabará.

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