El lado oscuro de la pedagogía y la didáctica

Atención a esto. ¿De qué manera y en qué medida, la práctica pedagógica y la didáctica, le apuestan a hacer que cada estudiante explote al máximo sus conocimientos y experiencias previas? ¿Desde cada área de estudio se concentran esfuerzos y estrategias para desarrollar las capacidades individuales y diferenciales de los estudiantes? ¿O, simplemente nos concentramos en hacer que nuestros chicos/as aprendan los temas previstos por el currículo y que desarrollen las competencias demandadas por el sistema?

En la educación, tanto la pedagogía como la didáctica, se enfocan, sobre todo, en la enseñanza y el aprendizaje. De hecho, gran parte de la reflexión y exploración del quehacer educativo de la escuela gira en torno a estos dos conceptos [prácticas]: enseñanza y aprendizaje. Es decir, qué enseñar y qué tanto se aprende, cómo enseñar y cómo se aprende (con algunas otras variables). Sin embargo, no hay un interés manifiesto por encontrar e implementar estrategias, medios y mediaciones que canalicen y potencialicen los saberes y experiencias previas de los estudiantes, su pensamiento crítico y las capacidades individuales. No en la práctica.

Podría pensarse que sí, dado que, por lo general, el primer momento de una sesión de enseñanza-aprendizaje es justamente la exploración de conocimientos y nociones previas. Precisamente, esta es una de las razones que motiva este breve instante de encuentro con las palabras. Esto es, la valoración y exploración de lo que los escolares ya saben, es sólo un momento de la clase, el “rompehielos”, cuando debería ser lo más relevante; de hecho, la didáctica de las ciencias debería plantearse en función de ello, obviamente, sin restarle importancia a la formación ética, espiritual y democrática.

Mucho nos inquietamos quienes nos dedicamos a la docencia, al ver que cada día es creciente el desinterés y la indiferencia de los escolares, especialmente, entrada la adolescencia, frente al estudio de muchos de los temas obligatorios de la educación básica, la apatía frente a los fenómenos sociales y las disciplinas científicas. Son muchos los jóvenes que muestran altos resultados en las instituciones, pero, muchos más los que se suman a la desmotivación. Los sabios y entendidos tendrán más de una explicación a este fenómeno.

No obstante, un par de cuestiones rescato de mi contacto con la población educativa de instituciones estatales. En primer lugar, no hay acciones contundentes y efectivas en la práctica de aula por atender a los intereses reales de los estudiantes, sus afectos y afinidades. Y, en segundo lugar, no se da la importancia y relevancia suficiente, pertinente y pedagógica a las experiencias (positivas y/o traumáticas) y conocimientos previos de los estudiantes; peor aún, no se trabaja cabalmente en el desarrollo de su pensamiento y capacidades individuales y para el trabajo cooperativo.

Para terminar, lo que en definitiva quiero demandar de la práctica pedagógica es: para que la educación alcance un buen nivel de excelencia y ofrezca a sus beneficiarios un ambiente necesario de emancipación, formación, construcción de nuevos conocimientos y enganche con los intereses de cada estudiante, debe procurarse, con afanoso esfuerzo, la valoración y profunda conexión con lo que ellos han vivido y están viviendo, sus intereses, afectos y afinidades, su ser-pensante, sus necesidades y capacidades particulares.

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