EL ABORTO… ¿Crimen, derecho o interrupción voluntaria del embarazo?

El tema espinoso que constituye la presente reflexión, debe ocupar capítulo aparte y fundamental en el ámbito educativo. Tanto padres y madres de familia como docentes, debemos poner especial atención a este asunto y plantearlo con todas sus letras y, especialmente, tratar de desenmascararlo, pues, en no pocas ocasiones es planteado como una solución y no como un problema en sí mismo.

Hoy asistimos a una sociedad que atraviesa por una de las épocas más críticas de la historia, esto es así en cuanto a lo que tiene que ver con las tendencias nocivas y poco objetivas de interpretar y nombrar la realidad. Ciertamente, nos envuelve un ambiente de relativismo y subjetivación obsesiva de la verdad. Las cosas no son valoradas ni nombradas por lo que son en esencia y conciencia, sino por lo que aparentemente es, o lo que cada uno, según su modo de ver la realidad, cree; esto muchas veces está más influenciado por los intereses mediáticos y mezquinos, que por la imparcialidad del juicio y de criterios verdaderamente razonables.

Una de las cuestiones que se debaten en este panorama, poco favorable para las discusiones sobre asuntos y realidades profundas del ser humano, es el aborto. Este fenómeno, presente en todas las sociedades y en todos los tiempos, durante siglos ha acaparado la atención de teólogos, filósofos, científicos, médicos y de muchos sabios y entendidos; la inmensa mayoría de ellos ha expresado su opinión desaprobándolo, es decir, lo han catalogado como una práctica inhumana, inmoral y criminal.

Lo verdaderamente lamentable en este asunto es que las voces y opiniones más escuchadas no son siempre la de estos expertos, si no la de políticos que poco o nada conocen el tema en profundidad. Sin embargo, son estos personajes de la vida pública, los “representantes” de los intereses del pueblo, quienes en definitiva aprueban o no la práctica del aborto. En este sentido, entendemos por qué en las legislaciones de muchos países es legítima y lícita la práctica del aborto.

Mucho se argumenta hoy a favor y en contra del aborto. Irónicamente, algunos movimientos feministas son los que reclaman la aprobación del aborto como un derecho. Derecho, según estas personas, que les es propio en tanto que se trata de su cuerpo, y con su cuerpo pueden hacer lo que quieran. Además, reclaman ser tenidas y tratadas con la misma dignidad que a los hombres, lo que es justo; aunque, los hombres no se embarazan, esto implica que las mujeres no están obligadas a hacerlo, por tanto, en caso de tener un embarazo “inesperado”, se puede abortar, para que no se le vea vulnerada su dignidad.

Otro asunto es la cuestión de la licencia de maternidad, lo cual se vuelve una carga económica para las empresas y los empleadores, ya que la ley les obliga a pagarles a las madres durante determinado tiempo, en el que, como consecuencia del parto y los cuidados post-parto, la madre no puede laborar, en su lugar deben contratar su remplazo temporal. Esta cuestión, directa o indirectamente, incentiva la aprobación del aborto como posibilidad para la mujer, de manera que la mujer que siente en peligro su estabilidad laboral por el embarazo, deliberadamente pueda optar por el aborto.

En cuanto al dilema de si es legítimo o no el aborto en los casos de acceso carnal violento, la experiencia ha demostrado que, en la gran mayoría de los casos, las víctimas que deciden seguir adelante con el embarazo, terminan por encariñarse con la creatura que se gesta en su vientre, y le aman y valoran como si se tratara de una concepción deseada por una pareja normal.

Por el contrario, los testimonios médicos, psicológicos y de popular conocimiento, indican que las víctimas que deciden abortar, casi siempre quedan sumergidas en una profunda crisis depresiva, no tanto por el estrés post-traumático de la violación, sino por el complejo de culpa que les acompaña, pues, el “juez justo” que todos llevamos dentro, la conciencia, termina indicándoles que haber abortado fue un acto criminal y mucho más grave que la violación misma.

El caso más complejo es, tal vez, cuando hay una enfermedad grave que pone en peligro la vida de la creatura y/o de la madre, y también las malformaciones. Aquí hay que resaltar la actitud de muchas mujeres valerosas que, contrariando el dictamen médico, deciden seguir adelante con la gestación, incluso, arriesgando sus vidas. Pero saben que la creatura que llevan dentro vale la vida misma, pues, es sangre de su sangre, una nueva creatura que se abre paso en la vida, valiéndose de la vida de la madre. A propósito, aún el más sano de los embarazos comporta riesgos, tanto para la mujer gestante como para la creatura.

Sin duda, existen muchos argumentos que pudiéramos rescatar en esta breve reflexión, en los cuales percibimos que no hay razones sólidas para aprobar semejante acto de crueldad. Pero, analicemos, al menos, un último argumento, se trata de un asunto del lenguaje. En el afán por hacer aparecer este acto abominable del aborto como un acto no-criminal, ahora se emplean conceptos como el de “interrupción voluntaria del embarazo” que, si bien no logra convencer a la opinión pública de que realmente no se trata de un asesinato, sí consigue, en cierta manera, persuadir a las personas, especialmente a quien aborta y a sus co-responsables, que no es tan grave como parece.

En definitiva, es necesario que llamemos las cosas por su nombre, el aborto es un crimen, ya que se trata de acabar de forma deliberada con la vida de una creatura indefensa, la cual, por el hecho mismo de haber empezado a existir, ya tiene el derecho, fundamental e inalienable, a que se le respete la vida. Abortar, es decir, acabar con la vida de un inocente que aún no ha nacido, pero que ya vive, nunca podrá ser un considerado como derecho, puesto que, resulta inconcebible jugar a ser dueño de la vida de otro; derecho que la mayoría de religiones y culturas siempre remiten a Dios, o a cualquiera que sea la fuerza o fuente creadora que nos da la vida.

El aborto procurado es siempre un crimen moralmente grave, y mucho más despreciable que el asesinato de una persona ya nacida, pues, no tiene ninguna posibilidad de defensa, ni siquiera puede gritar o pedir clemencia, ni tiene el recurso del llanto que sí tiene el recién nacido.

[Foto tomada de Pixabay]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s