Salto al vacío

Veo que me equivoqué,
no debí confesarte lo inconfesable.
Preso por mi desboque,
esperaré por el destino implacable.

VUELTA AL SILENCIO

Ahora, esclavizado por lo que ha confesado
Se encuentra, ahogado en un mar de incertidumbre.
¿Habrá valido la pena habérselo contado?
Decir lo que piensa se le ha vuelto costumbre,
Costumbre que ahora lo tiene desorientado,
Su palabra, su poesía se dicen incertidumbre.

Debe pagar por la osadía,
y no tiene ahora sosiego,
por haber rezado su poseía.
Cuánto bien proporcionaría
Una clara señal de su Cielo:
seguirte oyendo desearía.

Pero ya está, esto parece que no ha de pasar.
Por ahora, una gran necesidad le domina,
le urge el silencio abrazar, callar, callar.
Ha de llevar sus sentimientos como una espina
que lastimará y hasta lágrimas le ha de arrancar.

CRUELMENTE BELLA

Por mucho tiempo me he preguntado
cómo definir fielmente tu belleza.
Y hasta ahora sólo he logrado
meterte aún más en mi cabeza.

Puede que nunca halle las palabras exactas,
por la gran posibilidad de quedarme corto,
aunque tengo claro de qué forma impactas
en mi pensar, sentir, actuar y lo soporto.

Cruelmente bella, mi recuerdo te reclama,
la espera desborda mi tiempo y mi mundo,
sin más remedio se ha quedado mi alma:
buscar tu belleza hurgando en lo profundo.

DES-CORTEJANDO

Aparta de mí tu pistola,
que no quiero enamorarte,
sólo expreso lo que me inspiras al mirarte.

Aparta de mí tu pistola,
Pues no pretendo engañarte,
sólo te digo lo que me atrevo a confesarte.

Aparte de mí tu pistola,
no soy el fantasma del pasado,
sólo contemplo el tesoro por otro mancillado.

Aparta de mí tu pistola,
no vengo a robar tu confianza,
sólo aprovecho ver del Creador tu semejanza.

Aparta de mí tu pistola,
que no quiero intimidarte,
sólo pretendo de la incomprensión asegurarte.

¿Dominan la poesía o una parte de ella?

Denigran de la poesía de aquellos que,
sin mucha métrica o ritmo cíclico y ordenado,
expresan en sus versos aquello que
viven, perciben y los conecta con la realidad.

Olvídense, la poesía no es un asunto matemático,
de hecho, es más filosófico, ético y estético.
No se encuadra en el conteo silábico y sonoro.
Ella misma trasgrede cualquier molde.
Es irreverente, arrogante, mezquina;
pero, también sacra, humilde, generosa.

No digan los expertos que sólo ellos son poetas,
si esto no lo determinan ellos,
mas sólo son dueños de su estilo.
La poesía tiene vida y voluntad propia,
es un espíritu indomable que, a todos,
sin distingo, posee e impulsa.

Más que lírica, más que armonía,
es una forma de ser y habitar el mundo.
Es el cómo te percibo,
es el cómo me lees,
es la forma mística como soy en el mundo,
para los otros, para lo Otro;
para la vida, para la muerte.
Algunos viven de ella,
pero nadie vive sin ella.
No cabe duda, nada escapa a la poesía.

A los impertinentes les digo,
no sean necios. No tenemos la culpa,
tampoco ella; es una cosa política:
a todos se les da, pero a nadie pertenece.
A ustedes no les pertenece.
Su propiedad es sólo un estilo,
pero no la poesía.

¿Ya no está?

… y cuando ya no está se pregunta:
¿Habría funcionado? No lo sabe,
la certeza se le vuelve inalcanzable.
Ahora taladra en su cabeza,
con cada percusión lastima
y ahuyenta la armonía inicial:
el amor primero, la gran explosión.
Ya no está.

No es cómoda su situación,
pues, profundamente pesa en su corazón
un penoso cálculo,
uno que nadie quiere hacer,
aquel que puede enloquecer
a quien ha tenido místicos momentos
a su lado, en éxtasis de ternura:
poco ha durado, ya no está.

Ahora algo más le aturde y ahoga,
lejos de traer tranquilidad le agobia:
¿Por qué llorar por su partida,
si tal vez nunca llegó?
¡Pudo haber sido un espejismo!
En todo caso: ya no está.

La poesía espera que no desprecie
lo que permanece, lo que no se ha ido,
lo que está aguardando el momento
en el que descubra lo que aún no es,
pero puede ser, aún más puro, más real
y duradero. Algo que sí está
sin afán de partida,
sin deseo de marcharse.

Comprométete o dile adiós

Si no lo quieres para ti,
¿Para qué lo quieres?
Si no te quieres entregar,
¿Para qué lo buscas?
Si no te comprometes,
¿Para qué lo empeñas?
Si no lo quieres retener,
¿Para qué lo ilusionas?
Si tus cartas no lo muestran,
¿Para qué alargar la angustia?
Si no es su amor lo que deseas,
¿Para qué sumar caricias?

¿Es que no lo entiendes?
No es bajar tu cremallera
lo que anhela.
Mas pretende penetrar
en lo más puro de tu ser.
Es tu amor lo que desea.
Sí. Amor, con todas sus letras.

Bendita diversidad

No se ofenda, se lo he dicho, no se ofenda.
Es mi estilo, y lo creo, aunque no lo crea.
Pues, así es, no puedo no ser así, y si lo quisiera
realmente no lo sería, porque, de hecho, no lo soy.

O dígame, ¿No lo es usted también?
A su modo, pero lo es, y si no lo fuera,
¿Qué sentido tendría? Y si pensamos en aquel
o aquella, aunque distintos, también lo son,
cada uno a su manera, pero lo son.
Y no depende de usted, y tampoco de mí,
por suerte.

No insista más. Y ya que usted también es,
déjeme, por favor, ser lo que soy, eso sí,
le pido, le exijo, le demando, déjelo a él y a ella ser.
No hay más remedio: la diversidad es la verdad.

Como el olor de la tierra

Como el aroma de la tierra,
tan variado como eso,
tan valioso y tan sublime,
pero sin quitarle las pisadas,
las basuras, la tala, el ultraje,
el uso-y-abuso.
Sin embargo, siempre puro,
siempre vivo, siempre alcanza,
nunca falta, nunca está demás.
Y aunque parezca confundirse
con fétidos olores, asfixiantes
y agobiantes, y no se le precise
ni demande, Él siempre está.
¡Vaya, sí que se le parece!
No obstante, lo trasciende.
Como el olor de la tierra,
así es su amor por nos.